Emily Vargas, CEO de EVidence Knowledge Brokering In Public Health SAS. 

De acuerdo con MinCiencias, las patentes son un reconocimiento a la actividad creativa de los inventores, ofreciéndoles la exclusividad de explotarlas comercialmente por un periodo máximo de 20 años; así como un mecanismo que fomenta el desarrollo tecnológico y económico del país, y promueve la competitividad al poner en el mercado nuevos productos o procedimientos. Pero ¿hay realmente una explotación comercial de ese conocimiento en el país?

En 2019 la Superintendencia de Industria y Comercio de Colombia otorgó 1594 patentes, 1289 a no residentes, y 305 a residentes colombianos, las universidades se han llevado los primeros puestos en la solicitud y aprobación, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Industrial de Santander y la EAFIT son las que se destacan; la mayoría de estas patentes pertenecen a sectores tecnológicos como Mecánica; Electricidad, Electrónica y Telecomunicaciones; y Procesos Químicos. Un crecimiento exponencial de las cifras, si vemos que tan sólo hace 10 años, en el país, se concedían en promedio 150 patentes al año, de las cuáles, casi el 90% eran de no residentes, es decir, de multinacionales que quieren proteger sus creaciones en el país.  

Un creciente incentivo del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación del país ha llevado a que los científicos vean no sólo la pertinencia de proteger sus invenciones, sino también, una facilidad para realizar un trámite que solía ser realmente engorroso y costoso. El valor para obtener una patente en Colombia varía considerablemente de un caso a otro, en promedio la inversión es entre 15 millones y 30 millones de pesos, que incluye desde las asesorías de una firma de abogados para redactar el documento de solicitud de la patente, hasta la aprobación o concesión. A partir de ese momento, todo propietario de una patente debe pagar una tasa anual para el mantenimiento de esta, la cual fluctúa dependiendo del tipo de patente y del año de mantenimiento entre 250 mil pesos, por lo primeros cuatro años, y 1.5 millones de pesos por los cuatro últimos. Esto por los años otorgados de vigencia.

Sin embargo, ¿Qué beneficio económico o retribución en especie reciben los inventores, por esta inversión? ¿Es realmente costo-efectivo o costo-beneficioso patentar?; los modelos que incentivan la protección de la innovación nacieron pensando en un win-win entre privados y el Estado, y de acuerdo con Ariel Manoff, abogado especialista en patentes “El capitalismo es poco propenso a dar monopolios, pero entendió que había una utilidad social en dar una concesión limitada en el tiempo para lograr que la creatividad de las personas sea incentivada; para que puedan vivir de su creación”;  y por su parte Thomas Henshaw considera que  “El sistema de patentes es lo más justo en la industria farmacéutica, porque cuida al innovador; si no, se genera una competencia desleal con los que copian y se benefician con la inversión de muchos años, y también muchos fracasos, que tienen a cuestas las empresas que innovan” 

Y es que, sin duda, una patente, tiene en su esencia una gran cantidad de tiempo y dinero invertido, años de formación de los científicos, pruebas y errores, experiencia, creaciones, transformaciones empresariales, entre otros. Por lo tanto, lo sensato es lograr que su protección esté acompañada de un proceso de innovación, donde cada invención sea explotada, comercializada y transferida a la sociedad, como un bien o servicio común que sea útil y contribuya al desarrollo tanto de los inventores, como del país donde fue creado y protegido. 

Aun así, la carrera en Colombia casi siempre queda a la mitad, al logro de la patente, a la publicación honorífica en los diarios locales y en los indicadores que enaltecen al país antes los evaluadores internacionales; muy pocos inventos llegan a ser comercializados. Los factores, muchos, pero el más notorio es una baja capacidad para generar cadenas productivas de nuevas tecnologías, temor a la negociación con inversionistas extranjeros, miedo a vender, negociar, compartir una patente, desconocimiento de los vericuetos de la transferencia tecnológica, en un mundo en el que el mercado de la innovación se avalancha a nuevas creaciones que faciliten la existencia y mejoren la calidad de vida de la humanidad de forma rápida. 

Maribel Rico, en su Blog I+D+i – Un sistema ineficiente en una desinformada economía del conocimiento, establece que “la mayor parte de los abandonos de patentes se producen ante la inexistencia de un tercero, una empresa innovadora interesada en llevar los conocimientos al mercado en forma de productos o servicios”. Parafraseando a Maribel, con quien se coincide en creer que, si de verdad se desea construir una economía fuerte basada en el conocimiento, se debe encontrar la manera de mejorar la eficiencia del sistema de I+D+i a la hora de comercializar el conocimiento aplicable; no es una actividad sencilla y requerirá del esfuerzo de empresarios, inventores, gobierno y empresas expertas en transferencia de conocimiento que esté dispuesta a llevar los inventos al mercado.  

 

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CEO EVidence KBPH SAS